Mi madre siempre decía que la Guerra Civil fue una época feliz para ella. Y no porque no pasaimg033ra miedo y sufrimientos, sino porque fueron sus únicos años de juventud. Salió con su familia de Carabanchel en el 36 empujados por la ofensiva fascista y cruzaron el puente de Toledo bajo las bombas, para refugiarse en un piso vacío del barrio de Salamanca. Cuando “las pavas” bombardeaban, su madre les reunía en el salón, abría un bote de melocotón en almíbar o leche condensada y cantaban juntos hasta que escuchaban el inconfundible sonido de “los moscas” y los pequeños corrían al balcón gritando: “¡¡¡Los nuestros, madre, son los nuestros!!!”. Mi abuela nunca quiso bajar al refugio.

Mi madre trabajó fabricando balas y cosiendo uniformes, fue madrina de guerra de milicianos del frente y salía con sus amigas a los cines de la Gran Vía, refugiándose entre risas en los portales cuando oían el silbido de los obuses. Tres años después volvieron a su casa y en su lugar encontraron un enorme socavón. Mi abuela murió muy poco después. Mi madre siempre dijo que fue de pena. Su juventud se acabó entonces, tenía que ocuparse de su padre y seis hermanos. Acababa de cumplir diecinueve años.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.