Bueno, este es el cierre. Para terminar este blog dedicado al viaje más impactante que he realizado en mi vida, ya sé que no soy Livingston ni Amundsen, quiero contar algunas anécdotas relacionadas con él. No sé si podré adornarlas todas con alguna fotografía, pero aquí van.

El italiano de la Plaza de Mayo

image31Cuando llegué a Buenos Aires en enero, antes de volar a Ushuaia, pasé un día en la ciudad que rematé en la Plaza de Mayo. Allí siempre hay montado algún quilombo político, en este caso era una protesta contra el nuevo gobierno por parte de algunos sindicalistas del peronismo. Me senté en un banco y a los pocos minutos se sentó a mi lado un hombre de más de ochenta años, luego me confirmó que ochenta y cinco, que me dijo en voz baja: “Esta gente está loca, están aquí defendiendo a una chora que se ha hecho muchimillonaria en el poder”. Naturalmente me puse a hablar con él y me contó que era italiano, calabrés, que había llegado a Argentina con tres años y que nunca había vuelto a salir del país, aunque había tenido que vivir clandestinamente algunas veces. El hombre estaba informadísimo de todo lo referente a la situación en Europa, sobre como había afectado la crisis a los diferentes países, en fin, me dejó asombrado de cómo se mantenía al día. Naturalmente hablamos de España y me preguntó sobre los problemas para formar Gobierno, sobre Rajoy, los cambios en el PSOE, hablamos de todo un poco. Lo que no conseguí fue sacarle su ideología a pesar de que yo le dije que era anarquista para ver si se definía, porque me parecía que iban por ahí los tiros, pero no, me quedé con las ganas. Lo que si me contó fué su profesión, toda su vida había trabajado de albañil y no pudo ir al colegio más que hasta los diez años. Solo se emocionó un poco cuando hablamos sobre Italia y mis viajes por su país. Me preguntó si conocía Calabria. Le miré a los ojos y vi expectación en ellos. Es increíble, pensé, si no puede tener ningún recuerdo. Pero no pude evitar mentirle, le dije que sí. Su sonrisa fue la mejor respuesta.

La clase de tango

imageEstando una tarde en Ushuaia, el único día que tuve un tiempo lluvioso y frío, Laura me comentó que Dani y ella iban a asistir a una clase de tango gratuita, subvencionada por el ayuntamiento, a la que podía asistir cualquiera que se apuntara. Me ofreció ir con ellos y un par de horas más tarde estábamos en un local anexo a un polideportivo recientemente construido con unas veinte personas más. El profesor era un chico joven, de poco más de veinte años y entre los asistentes había algunos que eran también profesores de tango y otros bailes, como luego comentaron. Un par de guiris y yo éramos los únicos novatos del todo, pero había más gente que tenía muy poca experiencia, como Dani, a pesar de ser uruguayo. La verdad es que pensaba limitarme a mirar, pero como vi que la clase era para un nivel muy bajo me animé también. Lo que me llamó más la atención, no sé si es lo usual porque no tengo experiencia, es que esa primera clase era sobre el equilibrio, prácticas para mover el cuerpo en posición de baile pero orientadas a mantener los hombros y el cuerpo equilibrados. No sé si me explico, pero lo más importante no era dar los pasos bien o mal o adelantar un pie cruzando el otro por detrás de una manera más o menos correcta, sino que al hacerlo, había que mantener el equilibrio de los brazos y el cuerpo. Puede parecer una tontería, pero os aseguro que no fui el único al que le costó conseguirlo, y eso no siempre. Es verdad que soy un madero total y tengo un equilibrio malísimo, pero al final conseguí mantenerme decentemente, lo que me permitió bailar con una de las chicas con más experiencia, que me corrigió un par de cosas sobre la marcha, con una cierta dignidad. Me marché de allí tan contento, claro, la pena es que no pude conseguir una copia de la foto de grupo que nos hicimos. Me hubiera gustado incorporarla aquí como muestra de mi primera clase de tango, eso sí, en el fin del mundo.

Sentido práctico: Argentina 10 – Chile 0

imageDespués de haber pasado un tiempo pasando de un país a otro en la fantástica Patagonia, la conclusión que sacas es que si esto hubiera sido la final de la Copa América, el resultado habría sido totalmente diferente, habría ganado Argentina por goleada. Estoy hablando de la capacidad de unos y otros, al menos aparente, para aprovechar y sacar rendimiento de los recursos que la Naturaleza ha tenido a bien concederles. La mayoría de los lugares famosos en todo el mundo que han convertido un territorio en principio hostil y difícil en un reclamo turístico de primer orden están en Argentina, eso es verdad. Desde Ushuaia a Bariloche pasando por el Perito Moreno o los trekking de El Chaltén, todos se encuentran en el lado argentino. Tanto es así que si preguntáis en que país están las Torres del Paine, muchos os dirán que en Argentina, a pesar de estar en Chile. La razón es que la mayoría de los turistas van desde El Calafate, aunque Puerto Natales es la ciudad más cercana…, y chilena claro. Además en Chile están los campos de hielo más grandes del hemisferio sur, con gran cantidad de glaciares, montañas hermosas, nieves perpetuas, volcanes y, sin ir más lejos, la carretera austral, un reclamo turístico que empieza a competir con los argentinos, aunque le falta mucho todavía. Eso sin contar con los canales patagónicos, una auténtica maravilla sin correspondencia en el otro lado. Incluso en el canal Beagle, en el extremo sur, las montañas más espectaculares están del lado chileno, aunque no hay ninguna población que pudiera, por el momento al menos, convertirse en la Ushuaia chilena. No sé si en esto influye la distinta idiosincrasia de las poblaciones de ambos países, que viven lamentablemente más de espaldas que juntos, o simplemente es cuestión de que en Chile, al ser un país tan estrecho y encajado entre los Andes y el Pacífico, las comunicaciones entrañan mucha mayor dificultad. No lo sé, probablemente sea una mezcla de las dos cosas.

La hospitalidad de la gente

imageEs una de las cosas que he encontrado que más me han llamado la atención, sobre todo porque ha sido generalizado. Y no me refiero solo a las personas que me han alojado en su casa, recomiendo el sistema AIRBNB sin dudarlo a todos, sino en general. Cada vez que he tenido que preguntar sobre algo, comer en un restaurante, tomar un taxi, o recurrir al apoyo de alguien para solucionar cualquier incidencia del viaje, la respuesta ha sido inmediata y, generalmente, desinteresada. Obviamente, no es lo mismo Buenos Aires o Córdoba que El Bolsón o Puerto Montt, pero incluso en esas grandes ciudades he tenido la sensación de ser bien tratado en todo momento. No voy a ser tan estúpido de pensar que esta experiencia mía desautoriza todos los consejos y precauciones que he recibido sobre temas de seguridad antes y a lo largo del viaje, pero yo no he tenido ninguna mala experiencia, todo lo contrario. No lo diré muy alto, cuando escribo esto aún me faltan cuatro días para volver a España.

Un paso y luego otro

imageLos que me conocéis sabéis que no soy ni he sido nunca un experto montañero ni mucho menos, a pesar de haber tenido muchas oportunidades de salir al monte porque una gran parte de los amigos que he tenido a lo largo de mi vida lo han practicado y lo practican con asiduidad. Tampoco estoy en una forma física envidiable precisamente, creo que ya comenté en algún momento que ni siquiera fui capaz de dedicar algún día a practicar antes del viaje. Alguno me habéis oído contar lo que me dijo una vez mi amigo Víctor, montañero y viajero “profesional”: ” Tú irás a la montaña cuando pongan escaleras mecánicas”. Un poco exagerado pero bastante cierto. Sin embargo estoy muy satisfecho de mi comportamiento en ese sentido y no sólo en el monte, las palizas a andar que me estoy dando en las ciudades tampoco son de despreciar, aunque no tienen para mí la dificultad de los trekking de montaña. Solo puedo decir que, una vez más, me he limitado a seguir un consejo de Íñigo, la frase que titula este pequeño comentario. Nunca pensé que fuera tan cierto. No he conseguido todo lo que quería pero me voy contento. Como me conozco no puedo tener muchas esperanzas, pero me gustaría sinceramente continuar en esta línea. No podrá ser todos los días pero siempre se pueden sacar unas horas para andar por el monte o por la ciudad, en el peor de los casos. A ver si es verdad.

La librería-café de El Calafate

imageClaro, después de lo visto en Buenos Aires, el lugar del que hablo aquí es una tienda de ultramarinos comparada con un Hipercor, pero mantengo la idea de escribir un comentario sobre el tema porque en su momento me llamó mucho la atención. Primero porque en España no es un tipo de negocio demasiado extendido y lo que tenemos suelen ser pequeños locales, y en segundo lugar porque cada vez me gustan más. Si tuviera menos años quizás me plantearía la posibilidad de intentar montar alguna. Y sobre todo porque está en un lugar como El Calafate, un sitio eminentemente turístico donde lo que menos te esperas es encontrar una librería grande y bien surtida, con todas las novedades literarias y no sólo libros, guías o mapas e la zona. Pero además en la que toda la planta superior está dedicada a cafetería, o como dicen aquí, confitería, en la que puedes tomar un café o una cerveza, comer un sándwich o un plato de la casa y, por supuesto, leer o manejarte con tu ordenador. Porque además de la librería, también tienen una pequeña biblioteca en varios idiomas, esta vez sí, centrada fundamentalmente en obras referidas al territorio o ambientadas en él. No puedes sacar los libros pero tampoco te dice nadie nada si te pasas un par de horas leyendo. Yo lo hice, con un café con leche y un par de medias lunas, cruasanes para nosotros, como cosumición.  Si Felipe lo hubiera sabido seguro que no habría estado leyendo en un banco de la costanera, digo yo. Le podía haber cambiado la información por un puesto en Endesa… Aunque casi que no, se está muy bien de jubilado.

El ambiente del hostal en El Chaltén

imageLo quiero reflejar porque nunca había estado en un hostel para mochileros. Luego he estado en otro en Foz de Iguaçu, pero ya en temporada baja y con poca gente, aunque coincidí justo la noche antes de irme con un grupo de españoles que estudian en Sao Paulo. Yo tenía una habitación individual, con cama grande y baño privado, pero ya sabéis cómo son la mayoría en esos sitios, literas para cuatro o seis personas, a veces más, con baño, cocina y comedor compartidos. Estaba lleno, de hecho todo el pueblo estaba prácticamente lleno, a pesar de ser finales de verano. No es exactamente un camping porque aunque hay zonas comunes, normalmente en un camping cada uno tiene su propia parcela, pero se parece en cierto modo. Me llamó la atención y me pareció muy positivo que hubiera gente de varios países compartiendo sin problemas todo aquello, sin un orden establecido pero muy ordenadamente, no sé si me explico. Supongo que tienen experiencia y por eso funciona todo aparentemente como un reloj, incluido el hecho de que había también niños pequeños, alguno tan pequeño que me pareció un poco exagerado que los pàdres lo llevaran a un sitio como ese, pero yo no puedo hablar mucho, mi hijo estaba en un camping en la playa con quince días. El premio se lo lleva un grupo, que jugaba todas las noches a las cartas, en el que había un español, dos tejanos, un mexicano, un argentino y dos holandeses. No está mal, lo que no sé es a que jugarían, no era al póquer.

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