La primera impresión fue de sorpresa, me esperaba una ciudad con un tráfico endiablado y me encontré con unas carreteras de acceso muy tranquilas y las calles bastante fluidas. La razón, lamentablemente, es muy simple, el tráfico ha bajado muchísimo porque los repuestos para los vehículos, tanto privados como públicos, se han convertido en uno de los principales problemas tanto para la Administración, autobuses, camiones de limpieza, transporte escolar, etc., como para los ciudadanos por el coste, la falta de existencias y la mala calidad de los repuestos. El parque automovilístico, en la ciudad y en toda Venezuela en realidad, se divide entre vehículos decrépitos que no se sabe como aún circulan y enormes y aparatosas camionetas y todoterrenos circulando a toda velocidad y con una total falta de respeto hacia cualquier regla de circulación. Los “motorizados”, las motos, son punto y aparte y más te vale llevar cien ojos para no llevarte alguno por delante, porque te puede costar un disgusto muy serio. Es otra de las grandes contradicciones de este país donde te encuentras con una alcabala, preciosa palabra en desuso en España, cada cuatro o cinco kilómetros e incluso en las calles de las propias ciudades, y siempre cuando se trata de la salida o entrada de poblaciones, custodiada por guardias nacionales casi niños, armados hasta la dientes, y donde tienes que ponerte a paso de tortuga y bajar los vidrios, la mayoría los llevan oscuros, por si deciden revisar tu documentación y el carro, lo que hacen fundamentalmente con los jóvenes, a mí no me han parado ni una vez.

 

 

Caracas es lo que se entiende por una ciudad moderna, con grandes edificios, amplias avenidas y abundancia de centros comerciales. No faltan los parques, las instalaciones deportivas y…, los cuarteles. Esto ultimo es tan típico de las ciudades latinoamericanas como los ranchitos en las laderas que rodean la ciudad. Aquí destaca Petare, el “cerro” más grande de Venezuela, es verdad que algo más que un cerro, con casi 800.000 vecinos. El centro de la ciudad, poco recomendable en la noche, tiene algunos rincones interesantes aunque aquejados de lo mismo que el resto, suciedad, abandono y falta de iluminación. En general es un ejemplo muy válido de la impresión que produce el país, un lugar que sin duda vivió tiempos mejores. Cuando estuvimos por allí, apenas se veían algunos autobuses abarrotados pero el Metro era gratuito. La razón es que al tener que importar el papel de los billetes, la generación de estos es más cara que su propio precio. Tremendo.

 

 

La costa, las playas, están muy cerca, pasando una estrecha sierra, el Parque nacional El Ávila (conocido oficialmente como Parque nacional Waraira Repano​), localizado en la Cadena del Litoral dentro de la cordillera de la Costa. Se extiende desde Caracas (Distrito Capital), por todo el norte del estado Miranda y sur del estado Vargas. Esta formación montañosa es pulmón vegetal de la ciudad y dentro de él pueden realizarse diferentes actividades, por ser uno de los principales atractivos de la capital de Venezuela, en alturas que varían desde 120 hasta los 2765 msnm, en el Pico Naiguatá. El Parque nacional ofrece múltiples senderos a sus visitantes, los cuales se pueden realizar en automóvil, bicicleta o simplemente caminando. El teleférico del Àvila es una visita imprescindible, aunque no la hicimos por las nubes que no desaparecieron en el tiempo que pasamos en la ciudad. Superado el obstáculo montañoso a través de una rápida autovía con varios túneles, se llega a la zona de playas y un poco más adelante al aeropuerto de Maiquetía. Nosotros nos quedamos en La Guaira, una de las más cercanas y desde donde se puede visitar el archipiélago de Los Roques, una de las mayores atracciones turísticas de Venezuela que ha quedado para otra ocasión. A cambio comimos fantásticamente en un restaurante junto al mar. Aunque no me pagan, citaré el nombre: El Caney del Chivo, en Catia La Mar. Totalmente recomendable.

 

 

Por último, aunque no en importancia, quiero hablar de la Colonia Tovar. He visto pueblos “alemanes” en otros países del área, sobre todo en Chile, pero este es uno de los más destacados. Copiaré lo que dice la Wikipedia sobre el lugar porque tengo poco más que decir, excepto que Aura se vuelve loca por las fresas con nata de este pueblo. La Colonia Tovar es una población de Venezuela, capital del municipio Tovar, en el estado Aragua. Fundada en 1843 por un grupo de inmigrantes alemanes provenientes del entonces independiente estado de Baden (luego incorporado a Alemania). Se caracteriza por mantener la impronta cultural de su origen, por lo que es llamada «la Alemania del Caribe» o «El pueblo alemán de Venezuela». Es famosa por su cultura, por su clima templado, frío para los venezolanos añado yo, y por la cordialidad de su gente. Depende básicamente de la agricultura —donde destacan cultivos de clima templado como duraznos, fresas, remolacha, coliflor, zanahoria, repollo, acelga, brócoli, lechuga, cebollín y papas— y del turismo, y está ubicada a 42 km al oeste de Caracas y a una altura de 1700 metros sobre el nivel del mar. Cuenta con una gastronomía alemana muy variada, siendo su plato principal los diferentes tipos de embutidos como las salchichas. Auf Wiederseh.

 

 

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