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Hoy es mi santo y el Día de los Abuelos

No hemos sido nunca, en mi familia, de celebrar los santos, las onomásticas, supongo que influidos por el anticlericalismo de mis padres. En realidad, deberíamos hacerlo si siguiéramos la tradición catalana de mis antepasados, porque allí sí se celebran incluso más, a aveces, que el propio cumpleaños. Pero eso desapareció hace mucho tiempo, seguramente con mi bisabuela paterna y, con seguridad, con su hijo, mi abuelo, que se sentía más madrileño que la Cuesta de la Vega. No os cuento mi padre, que a pesar de haber nacido en Barcelona, por pura casualidad, parecía “escapado” de una escena de La Verbena de la Paloma. Yo nunca me acuerdo espontáneamente cuando llega el día. Hoy me lo ha recordado un amigo que me ha felicitado por whatsapp y todos los años suele ser así, alguien me lo recuerda y entonces soy consciente de ello. También he sabido que es el Día de los Abuelos. No sé si esto lleva mucho tiempo establecido pero hasta hoy no lo sabía. Y ya veis, eso sí me gusta.

Soy abuelo y me siento abuelo. Quizás no un abuelo muy tradicional, me interesa demasiado vivir mi propia vida como para vivirla en función de mis nietos y antes de mis hijos. Seguro que más de uno/a me considera un egoísta recalcitrante. Pero me gusta estar con ellos y disfruto viéndoles crecer e irse formando como personas aunque no los vea todos los días y, cuando viajo, me pueda pasar hasta cinco o seis meses seguidos sin verles. No importa. No van a heredar de mí mas que mi apellido, sobre todo el niño, y probablemente algunas historias que contar, pero sus padres lo están haciendo muy bien y algo habré influido, supongo.

No sabría explicar que es eso de ser abuelo, qué se siente exactamente al serlo. Es un amor profundo, desde luego, incondicional y muy fuerte. Genera menos angustias que el sentimiento hacia los hijos pero, quizás por eso, es más espontáneo y, sin duda, más divertido. También me hace entender mejor a mis padres. Yo les hablo mucho de ellos, porque los dos pequeños no les han conocido y la mayor apenas les recuerda.

Yo, a mi vez, recuerdo muy bien muchos momentos relacionados con ellos: cómo me enteré del primer embarazo de mi hija, hace ya diecinueve años, en el portal de la casa de mis padres y el abrazo que nos dimos después de hacerles a los dos una única pregunta, si eran felices; el nacimiento de la segunda, mientras completamente solo, de madrugada en la sala de espera de La Paz, lloraba desesperado porque me parecía oír las quejas de mi hija a través de la puerta del paritorio mientras me sentía dominado por una impotencia como no recuerdo otra similar, o la inmensa alegría de tener por primera vez a mi nieto en brazos mientras mi hijo nos miraba sonriendo, pero con los ojos hinchados por el cansancio y la falta de sueño. Y muchos más, claro.

Me gusta saber que hay un Día de los Abuelos. Quizás lleve muchos años establecido, pero yo me he enterado hoy. Poco después de pedir, a la Maestranza de Ronda, el expediente de Caballero de uno de mis antepasados, pero eso es otra historia. Felicidades.

 

19 de julio de 1936, un pueblo en armas

(todoporhacer.org julio 2020)

En el año 2016, se cumplieron 80 años del golpe de Estado que dio origen a la guerra civil española y que desencadenó en algunos territorios de la península una auténtica revolución social que cuestionó todas las bases del orden establecido, pasando a gestionar la economía y el resto de la vida al margen de las instituciones del Estado. Para conmemorar ese aniversario, el año pasado publicamos un artículo sobre estas experiencias colectivizadoras , este año trataremos cómo la organización obrera previa al alzamiento militar hizo fracasar el golpe y posibilitó esas experiencias autogestionarias que aún siguen siendo un ejemplo para todos/as los/as que anhelamos un mundo nuevo sin gobernantes ni gobernados/as. Para ello, publicamos estos extractos del libro de Hans Magnus Enzensberger, El corto verano de la anarquía, que a través de la vida y muerte de Buenaventura Durruti, y con testimonios de los/as protagonistas de los hechos, nos cuenta la historia del primer tercio del siglo XX del anarquismo en nuestro país.

En casa hablaba poco de sus actividades. Había muchas cosas que todos, menos yo, sabían. Por ejemplo, el entrenamiento militar antes de julio de 1936, la instrucción para el manejo de las armas. Le aseguro que ellos preveían desde hacía tiempo el golpe de Estado de Franco, y se preparaban para ello. Tenían un campo de tiro en las afueras. Sólo yo no sabía nada. Para mí era un gran misterio, pero los vecinos estaban al corriente. La mujer es siempre la última en enterarse. Siempre el mismo silencio, el mismo misterio. ¡Sí, también puede parecer romántico si uno lo prefiere! Émilienne Morin (compañera de Durruti)

La primera cuestión que se planteó en las conversaciones entre los anarquistas y el gobierno de Companys fue el armamento. Se entabló una lucha tenaz. Cada vez que los anarquistas reclamaban (y en realidad no exigían lo que realmente necesitaban, o sea 20.000, sino sólo 10.000 fusiles), el gobierno les respondía que no tenía armas en existencia. Los políticos temían al fascismo, pero al pueblo en armas lo temían más aún. Diego Diego Abad de Santillán

Lluis Companys en el entierro de Durruti, muerto en la defensa de Madrid

Tres días antes del 19 de julio, el 14 o el 15, asaltamos un barco cargado de armas en el puerto de Barcelona. El gobierno de Cataluña, la Generalitat, quería las armas para sí; pero Durruti y los otros las llevaron al sindicato del transporte. Al día siguiente se presentó allí la Guardia de Asalto. Allanamiento de domicilio. Pero Durruti ya estaba en la calle. “¡Una camioneta, rápido!” Se consiguió entonces una camioneta para el reparto de leche y allí se despacharon las armas. El gobierno encontró cuatro o seis escopetas viejas. El resto lo teníamos nosotros, la CNTEugenio Valdenebro

Lo primero que han exigido los anarquistas son armas, pero tanto Escofet como el presidente y el consejero de Gobernación, saben muy bien lo peligroso que sería entregar armas a los hombres de la CNT, gente arrojada en la lucha callejera. Si se produce el golpe militar y se enfrentan en lucha armada el ejército y la policía, uno como enemigo y el otro como defensor de la República, se debilitarán ambos, y la ciudad quedará a merced de los anarcosindicalistas. Esto sería tan peligroso para la estabilidad política y social de Cataluña como el propio golpe militar. Luis Romero

Entretanto Gregorio Jover distribuye a los compañeros pan y butifarra y les sirve vino. Se han tomado las medidas necesarias. Los grupos de acción y los comités de barriada han sido alertados. Cada uno sabe lo que tiene que hacer cuando llegue el momento de actuar. En las fábricas y a bordo de los barcos anclados en el puerto, los fogoneros hacen guardia; sus  sirenas darán la señal de ataque. Los miembros del comité sólo esperan a que los militares salgan de sus cuarteles. Según las últimas informaciones, los golpistas iniciarán las hostilidades al amanecer.

Los reunidos han trabajado durante semanas y meses para llegar a esta noche. Ya antes de las elecciones de febrero estaban convencidos de que la Guerra Civil era inminente. Muchos militantes de la CNT tendieron a revisar su actitud tradicional con respecto a las elecciones (es decir, el boicot), y votar excepcionalmente por los partidos de la izquierda burguesa y los socialistas. La dirección no lo aconsejó ni lo desaconsejó, dejó que cada uno decidiera por su cuenta. Al fin y al cabo sería igual si ganaba las elecciones la derecha o la izquierda. Si el fascismo hubiese llegado legalmente al poder a través de la abstención de los obreros anarquistas, ésa habría sido la señal para la insurrección armada. En cambio, según preveía la CNT, una victoria electoral de la izquierda habría inducido a los fascistas a tratar de subir al poder mediante el habitual golpe de Estado militar. En todo caso habría que enfrentarse a ellos con las armas en la mano. Los acontecimientos han confirmado la corrección de este cálculo; el análisis de los anarquistas era más realista que el de los políticos profesionales de los partidos. Luis Romero

A las cinco de la madrugada se produce un tumulto frente al palacio gubernamental. Los guardias están nerviosos. Una multitud procedente de la Barceloneta se apretuja en el portal. La situación es crítica. Durruti, que acaba de llegar, sabe lo que significa la manifestación. Sale al balcón. Los obreros portuarios lo reconocen y piden que los guardias dejen pasar palacio a una delegación que quiere hablar con la comisión de enlace. En ese momento ocurre algo extraordinario. Se desvanece la mortal tensión entre los manifestantes y los guardias palaciegos, compuestos por policías de la Guardia de Asalto. La disciplina militar se resquebraja. Obreros y guardias confraternizan. Un guardia se desajusta el cinturón y da su pistola a un obrero. Pronto se reparten también los fusiles entre la muchedumbre. Un acontecimiento asombroso se produce ante los ojos de los oficiales: los policías se convierten en seres humanos. Diego Abad de Santillán

A lo lejos se escucha un prolongado ulular: la primera sirena de las fábricas. La gente calla. El silbido crece y se aproxima, cada vez se incorporan más sirenas. La gente se lanza a los balcones. Los miembros del comité y su escolta suben a los camiones.

-¡Viva la FAI!

-¡Viva la CNT!

-¡En marcha!

Los camiones arrancan, los ocupantes levantan las armas.

La bandera roja y negra, izada en un listón de madera, se despliega al viento. Pasan en primera por las Ramblas de Pueblo Nuevo. Se incorporan más y más camiones. Los dirigentes muestran las ametralladoras a la multitud, que impresionan a los espectadores como símbolos de decisión. Durruti, Ascaso, García Oliver, Jover y Sanz son aclamados desde los tejados y los balcones. Las sirenas siguen sonando, sus voces provienen de las barriadas pobres del cinturón industrial de Barcelona, es una voz proletaria que arrastra a la movilización a los obreros. Luis Romero

Ha muerto Juan Marsé

Otra desgracia para la cultura española. Nunca olvidaré el impacto de sus Últimas tardes con Teresa cuando lo leí siendo casi adolescente. Después he leído casi todas sus novelas y siempre ha sido un placer. Pero aquella historia que luego se llevó al cine con la bellísima y llorada Maribel Martín y el chulazo Ángel Alcazar (y la no menos bella Patricia Adriani), dirigida por Gonzalo Herralde, tiene una fuerza y un nivel de evocación que me hace volver a ella periódica e irremediablemente. Mi tocayo Sabina dice que él hubiera querido ser pirata, yo siempre he soñado con ser alguna vez ese Pijoaparte, motero, golfo y seductor, de barrio marginal y generoso a su estilo, al que la vida no le permite elegir pero que acepta su papel sin aspavientos y elegancia. Adéu Joan.

Paternalismo de Estado (I)

¿Cómo distinguir una actuación paternalista por parte del Estado de lo que se supone que es una de sus obligaciones: la protección de los individuos ante agresiones externas o internas de cualquier tipo?

Si lo vemos desde el punto de vista del neoliberalismo imperante, el Estado debe cubrir las deficiencias del sistema de acumulación capitalista cuando la situación creada por conflictos de difícil solución pone en riesgo la continuidad de esa acumulación. Es cuando surgen las demandas de rescate de empresas, financieras o no, a cuenta del endeudamiento del sistema público. Poco tiempo después, ese endeudamiento será atacado por tierra, mar y aire como perjudicial para la evolución de la sociedad y se exigirán recortes en los servicios sociales al mismo tiempo que se acusará de ineficiencia a la gestión pública. En lenguaje de mi barrio: “Encima de puta, tengo que poner la cama. Seguir leyendo Paternalismo de Estado (I)

Hace dos años.

Hace dos años volví de Venezuela pocos días antes de mi cumpleaños. Era mi segundo viaje a ese país que ahora ya forma parte de mi mismo. Había viajado en enero con ilusión, pero también con la prevención con la que los años inevitablemente te cargan. El año anterior, durante una estancia de una semana en isla Margarita, había conocido a una mujer que me había impactado muy profundamente. Luego vinieron las charlas por Skype y la decisión de volver a su isla para explorar entre los dos hasta donde nos llevaba aquello que apuntaba entre nosotros. Hoy debería estar aquí, conmigo, si no hubiera aparecido el dichoso “bicho”. Espero que no tengamos que esperar mucho para poder estar juntos de nuevo. Mientras tanto, quiero recordar aquella vuelta con un vídeo que dediqué hace unos meses a un país bendecido y desgraciado como pocos. Y a ella, claro.

“Billy el Niño”

“Muere ‘Billy el Niño’ a los 73 años de edad por coronavirus”

"El expolicía Antonio González Pacheco, alias Billy el Niño, ha muerto a primera hora de este jueves a los 73 años de edad a causa del coronavirus. Destinado en su momento en la Brigada Político Social, fue investigado por supuestas torturas cometidas durante el franquismo y más de una decena de personas habían presentado querellas contra él el año pasado. Nunca llegó a ser juzgado por estos hechos."

Yo era un chaval de diecinueve años, de Carabanchel y él un “enano” que no tenía “media hostia”. Asi que cuando oí las palmadas detrás de mí y la cantinela de “¡Vamos, vamos, desalojando ya…!“, me volví, le agarré de las enormes solapas de su impecable chaqueta de última moda y le dije donde podía meterse las “palmaditas”. Debí de pillarle por sorpresa porque se limitó a abrir mucho los ojos y manotear en el aire durante unos segundos. Mis compañeros, que sí lo conocían, me hicieron soltarle rápidamente mientras me empujaban escaleras abajo. Entonces reaccionó como, supongo, era habitual en él: sacó una pistola de la sobaquera, eso sí, sin decir una sola palabra, y disparó dos veces al techo. Seguir leyendo “Billy el Niño”