Archivo de la categoría: Cuentos

De escarlata y oro

Quítate de la ventana porque voy a suspirar,
mis suspiros son de fuego y te pueden abrasar. 

¿Qué quieres de mi? ¿Qué quieres de mi? 
Si hasta el agua que yo bebo te la tengo que pedir 

(Zambra)

Cuando vio su reflejo ante él no se reconoció. No recordaba cuantas veces se había enjabonado las manos, pero la piel de los dedos, ya arrugada, le indicó que llevaban mucho tiempo bajo el agua del grifo. El espejo del baño le devolvió su palidez, el extraño brillo de los ojos y el temblor incontrolable del labio inferior. No era su cara. El pelo le caía sobre la frente en mechones húmedos de sudor. Intentó recordar pero su cerebro estaba en blanco. Cerró los ojos con fuerza y le pareció ver un edificio desconocido, o no. Ahora recordaba haber parado un taxi al salir de la oficina, podía visualizar la cafetería donde había desayunado, y al camarero, la mesa, la silla, un vagón de metro repleto de gente, el portal de su Seguir leyendo De escarlata y oro

Irina. Relato por entregas (3)

Poco antes de la hora fijada, por aquello de no dar la impresión de que llevaba tiempo esperándola, entró en la tienda e inmediatamente volvió a ver su irresistible sonrisa. Por supuesto, él la correspondió a su vez, muy consciente de que era uno de sus puntos fuertes, junto con los ojos, a la hora de causar un impacto favorable en las mujeres. Los dos besos rituales y una recomendación para que la esperara en un bar cercano mientras cerraba la tienda, completaron aquel primer contacto directo entre ellos.

No tardó ni diez minutos en llegar. Sobre el pantalón y el chaleco vaquero que Seguir leyendo Irina. Relato por entregas (3)

Irina. Relato por entregas (2)

 

Cruzó c22eba4_38f4b49b1427488d804b03ab2415fc8don ella varios correos, al principio con cierta prevención, luego con más seguridad. Pero no acababa de confiar en alguien con tanta habilidad para manejar un idioma que no era el suyo, al fin y al cabo, decía llevar poco más de diez años en España y, como bien sabía él, una cosa es hablar un idioma y entenderte con la gente y otra muy diferente escribirlo con fluidez y demostrando incluso sentido del humor. Además, cierto es que le volvió a enviar más fotos, pero le preocupaba que le pusiera excusas ante sus propuestas de chatear viéndose a través de la web.

Por otro lado, ella no tenía coche y solo libraba un día, nunca sábado ni domingo, ya Seguir leyendo Irina. Relato por entregas (2)

Irina. Relato por entregas (1)

Cuando se asomó a la ventana esa mañana, el cielo estaba completamente encapotado y no pudo evitar un pequeño escalofrío. El invierno parecía haberse instalado definitivamente en la ciudad de forma brusca, ya que solo estaban a mediados de noviembre, lo que era, por otra parte, habitual en los últimos años. Recordó con cierta nostalgia aquellos largos otoños de su infancia, protagonizados por la vuelta al colegio y las tardes de fútbol en uno de los descampados de su barrio.

Seguía sin trabajo, ya llevaba así más de un año, así que se podía permitir el lujo de desayunar tranquilamente: zumo de naranja recién exprimido, café con leche y un par de magdalenas, como casi todos los días. Luego, siguiendo la Seguir leyendo Irina. Relato por entregas (1)

Para ti.

Te escribo desde un lunes de sol con un azul intenso, ligeramente frío, de cielo claro y limpio por el viento del Norte. Entre los bloques de ladrillo de ocho plantas, una plaza, en realidad el tejado de un parking, rodeada de algunos chopos. Un simple adorno, como plantas de interior  que intentaran suavizar la recepción de una oficina. Es la vista que tengo desde mi ventana, detrás de la pantalla del ordenador. Desde aquí te envío mi cariño y mis deseos de un buen día y una mejor semana. No hay un solo niño jugando en la plaza de cemento, es hora de escuela.

Un beso.

No tiene nada que ver con el viaje pero a lo mejor a alguien le gusta.

Escrito durante la travesía en barco entre Colonia, en Uruguay, y Buenos Aires, el día 1-4-2016.

¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón (Fito Páez)

Hacía ya muchos años que le había ocurrido pero nunca pensó que volvería a pasar. Le costaba recordar. Había reinventado tantas veces su vida que ahora no estaba seguro de cómo habían sucedido en realidad las cosas. Pero aquella jovencita le miraba, con cierto disimulo pero le miraba, estaba seguro. Y era igual, exactamente igual a ella. Naturalmente no era tan estúpido como para pensar que se interesaba por él, por el actual Mario, si lo hacía tenía que ser por algo relacionado con el pasado, estaba convencido. Y esos ojos, esa nariz, la mirada… Por un momento pensó que todo eran alucinaciones, quizás producto de tantas horas sin dormir, tanto café y tabaco consumidos para terminar el dichoso libro, sin éxito además. Por eso, desesperado, había decidido aquella tarde tomar una copa y, no sabiendo dónde ir, perdida la costumbre de salir, había decidido tomar algo en aquel veterano pub que hacía años perteneció a alguno de sus amigos. Allí le había ocurrido, sentado en el mismo lugar, con la misma copa delante de él en la pequeña mesa de mimbre y cristal. Pero la vez anterior no había sido exactamente igual, si era capaz de recordar correctamente. La única relación entre ambos momentos era ella. Un ligero escalofrío le recorrió al pensarlo: “¿Su madre?”, no podía ser, ella tenía dos hijas, él las conocía, y eran mayores. Además se parecían muy poco a ella, apenas un ligero aire de familia, y esta jovencita era igual que él la recordaba, Seguir leyendo No tiene nada que ver con el viaje pero a lo mejor a alguien le gusta.