Así es, según te encuentres del lado argentino o del lado brasileño de las cataratas. He llegado esta mañana, con unas dos horas de retraso sobre el horario previsto, lo que hace la tontería de más de diecinueve horas de autobús. No voy a decir que sea lo más cómodo del mundo, desde luego, pero no resulta tan mal como suena. LLevo varias palizas de bus encima y creo que puedo decir ya que lo de viajar por la noche no es una mala opción en absoluto. Los asientos son amplios y cómodos, te dan de comer varias veces al día, no es lo mejor pero incluye comida y cena calientes, tipo avión. Mantita, almohada, un artilugio delante que permite llevar las piernas bastante descansadas…, en fin, si tienes dinero lo mejor es el avión, obvio, pero si no es así, no es una opción demasiado “inconfortable”, perdón por el palabro. Al despertar, ya de día, la provincia de Misiones nos ha recibido, como podéis ver, con lluvia y, como no podéis sentir, con calor. Normal para el territorio que hemos atravesado y en el que estamos.

Antes, me entretuve sacando algunas fotos en el abarrotado terminal de ómnibus de Santa Fe, lo normal en un Jueves Santo por la tarde, imagino.

Es agradable reencontrarse con Brasil, con la forma de hablar, de vestir, con la costumbre de comer en un excelente y barato buffet, con su café, excelente, y con la gente de color.., negro, claro. Hasta hoy no había pensado que en Argentina apenas hay negros y los que he visto parecen jamaicanos o africanos y son poquísimos. Al menos en los lugares por los que he pasado. Bueno, lo que sigue es una pequeña trampa, son fotos de mi visita de hoy a la zona brasileña de las cataratas, en realidad no tengo ninguna foto del pueblo de hace dos días porque no hubo nada que me inspirara especialmente para fotografiarlo, la verdad.

Retomo la entrada en domingo por la tarde, dos días después de empezarla y tras mi segunda visita a las cataratas, esta vez del lado brasileño. Ayer las visité desde el lado argentino y, aunque son las mismas cataratas, es obvio, la verdad es que la visión desde ambos lados no es algo que puedo considerar como redundante, ni mucho menos. El lado argentino es…, argentino, o sea, espectáculo total, explotación total del fenómeno natural, pasarelas para llegar a todos los rincones, obligatoriedad de pagar suplementos para todo, incluido un tren, totalmente innecesario si permitieran el acercamiento andando a la Garganta del Diablo, pero entonces mucha gente no lo pagaría y eso no va incluido en la entrada. Pero que nadie quiera ver en esto una crítica, se puede criticar a este país por muchas cosas pero no creo que se deba hacer por querer sacar todo el partido posible de algo que, aunque originalmente gratis, para convertirlo en el espectáculo que hoy en día es y qué es lo que atrae a tantos visitantes, necesita recursos para empleados, mantenimiento y todo lo demás. El reparto de los beneficios será otra cosa, claro, pero eso es un problema del sistema, no de la capacidad de iniciativa de una gente estupenda, por otra parte. Y sobre todo: lo consiguen.

El espectáculo es de primer nivel, riéte del Perito Moreno o de lo que hacen los yankis en Grand Canyon, por hablar de dos maravillas naturales que conozco. Entusiasmado es poco, sales anonadado, impresionado, mudo, y disminuido hasta la desaparición por una grandeza, una enormidad tal que los pequeños elementos del puzzle que compone este planeta y que nos llamamos humanos, quedamos al nivel que se nos ve en las fotos: totalmente irrelevantes. Pero claro, somos muchos y muy hijos de puta, con perdón, e incluso aquí, que parece que no podemos nada contra la Naturaleza, es más fácil pensar en el retroceso de los glaciares que en la desaparición de unas cataratas, pues te enteras de que hace muy pocos años las aguas de este río eran totalmente transparentes. ¿Y qué ha ocurrido? Pues que algunos de esos microbios de las fotos decidieron en su momento empezar a talar la selva para “aprovechar” mejor el terreno. La consecuencia: el río aparece color chocolate por las tierras que arrastra debido a la deforestación. Estoy pensando que el blog me está saliendo muy ecologista, pero es que este viaje es sobre todo una visita a la Naturaleza, incluyendo algunos “monumentos” que en el mundo animal equivaldría a que existieran aún por ahí bichos del Jurásico. Estos aún viven y el único riesgo somos nosotros, como especie claro y que nadie pretenda escapar que no puede. Ojalá no desaparezca nunca este espectáculo en rojo y verde que son estas fabulosas tierras.

No es fácil describir las sensaciones que me ha producido tanto poderío concentrado en unas hectáreas de tierra, o de agua. Algo he dicho y no voy a insistir. Incluso aún con la circunstancia de que ese aprovechamiento tan exhaustivo de los recursos convierte la visita del lado argentino en un correcalles, un poco aturrullado a veces y que, por ejemplo, en un día como ayer, Sábado Santo, con una afluencia máxima de gente, el desplazamiento en bote, en zodiac, hasta la base de las cataratas, se convirtiera en un imposible. Por la sencilla razón de que había tanta gente esperando que o hacía la visita con una cierta normalidad o andaba en el bote y lo demás incompleto y a todo correr. Pero bueno, seguro que habría sido una interesante experiencia más pero no creo que hubiera cambiado, en todo caso aumentado, la impresión que me llevo de la visita. La última “atracción”, la Garganta del Diablo desde arriba, desde donde cae el agua, con un ruido atronador, la nube de gotas que sube desde la base y que te empapa completamente en menos de 10 segundos, la fuerza que entrevés en medio de la nube en la que te encuentras, disparando la cámara sin tener la menor idea de lo que se va a poder distinguir…, es algo que no sé si se dará de forma similar en algún otro lugar del mundo.

Y hoy he estado en el lado brasileño, y que queréis, esto es Brasil, es magia, es belleza, es tranquilidad, es tiempo, es facilidades para todo, es hasta barato. Tiene su toque de percusión, también te empapas cuando recorres la pasarela que te acerca a la base de la Garganta del Diablo, pero la mayor parte del tiempo es bossa, es suave, es tranquilo, degustas la belleza con la perspectiva necesaria, con menos sobresaltos, con todo el bombo y los platillos de la caída del agua y su ruido ensordecedor pero con la distancia que te permite apreciar el sonido de cada instrumento de esa fabulosa orquesta que se llama Cataratas de Iguaçu. Porque Brasil es música y belleza, y hasta aquí tiene que percibirse su personalidad. Si el lado argentino me impresinó, el lado brasileño me gusta, me enamora, he disfrutado cada minuto y lo he saboreado con tranquilidad, sin prisas, a mi propio ritmo. Esa es la diferencia, que no es poca, por eso creo que no es superfluo ver las dos perspectivas. Ninguna es mejor que otra, las dos tienen su personalidad. “Aínda bem” que decidí que una sola no era suficiente.

Y para terminar, para los/las que les gustan estas cosas, una de animalitos, de los que encuentras en el circuito de cataratas y de un parque de aves que me apeteció visitar más que nada pensando en mis nietas, Martín no sé si se fija todavía en estas cosas. Muchos besos a los tres.

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