“…mándame una postal de San Telmo,
adiós cuídate…”

Pues en mi primer día real en Buenos Aires, porque ayer fué un día de transición, compra, lluvia, cine, no apetecía demasiado andar por ahí, he recordado a mi tocayo, el maestro Sabina y me he ido a pasear por San Telmo. También porque sabía que el domingo por la mañana es el día en que funciona esa especie de Rastro que se organiza a lo largo de la calle Defensa y que no solo hay puestos de “… Monigotes de miga de pan, caballitos de lata…”, por seguir con la canción, sino también bastante música y eso me interesa más. Así que volví a donde terminé mi recorrido en enero, como podéis ver en la foto de arriba, la Plaza de Mayo, para dirigirme hacia el barrio por la calle principal y base del enorme mercadillo que me he encontrado.

“… Buenos Aires es como contabas,
hoy fui a pasear…”

El barrio de San Telmo es, según dicen, el que mejor conserva el espíritu de la ciudad porteña, tango incluido, la verdad es que es un barrio muy acogedor, con calles adoquinadas, edificios que se conservan mejor o peor pero que responden a un estilo bastante definido, con algunos árboles y parques y rodeado de avenidas amplias que lo encierran un poco en sí mismo.

He desayunado en uno de los cafés más famosos del barrio.

He visitado el mercado de San Telmo, una mezcla entre mercado convencional, antigüedades y tiendas de ropa y otras cosas con una estructura metálica que recuerda al antiguo mercado de San Miguel o al del Born en Barcelona.

Me he encontrado con galerías interiores repletas de pequeñas tiendas y hasta con el mundo del cine.

Y, naturalmente con la música, como no podía ser menos. La sorpresa ha sido un grupo de swing, con parejas bailando y todo, que parece que es lo que está de moda ahora en la ciudad entre los chicos jóvenes. La verdad es que lo son y mucho, los que he visto, y lo hacían francamente bien, muy bien diría yo.

Un punto y aparte merece el tango. En la plaza Dorrego, la plaza central del barrio, espectáculo de baile aunque, desgraciadamente, con música enlatada. Habrá que superarlo.

Y terminaremos como empezamos, con una cita de Sabina: ” Te morías por volver. Con la frente marchita cantaba Gardel”.

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