Paternalismo de Estado (I)

¿Cómo distinguir una actuación paternalista por parte del Estado de lo que se supone que es una de sus obligaciones: la protección de los individuos ante agresiones externas o internas de cualquier tipo?

Si lo vemos desde el punto de vista del neoliberalismo imperante, el Estado debe cubrir las deficiencias del sistema de acumulación capitalista cuando la situación creada por conflictos de difícil solución pone en riesgo la continuidad de esa acumulación. Es cuando surgen las demandas de rescate de empresas, financieras o no, a cuenta del endeudamiento del sistema público. Poco tiempo después, ese endeudamiento será atacado por tierra, mar y aire como perjudicial para la evolución de la sociedad y se exigirán recortes en los servicios sociales al mismo tiempo que se acusará de ineficiencia a la gestión pública. En lenguaje de mi barrio: “Encima de puta, tengo que poner la cama.

 

La crisis económica provocada por la pandemia actual está siguiendo al pie de la letra el protocolo imperante. En España vamos a tener en los próximos días una prueba de fuego importante con los conflictos de Nissan, Alcoa…, y los que vendrán, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid. Empresas ampliamente subvencionadas durante años, con la inestimable colaboración de CCOO y UGT, prefiriendo la subvención a la transformación y/o la entrada de capital estatal, eso que se reclama ahora que ya no hay opción para mantener la situación. Son empresas que han chupado del bote hasta el último momento, con la oleada de ERTES aplicados a lomos del COVID-19. Pero eso sí, lo que no se les puede achacar es que no hayan venido advirtiendo, de lo que ahora parece irreversible, durante años, véase, por ejemplo, el programa de Évole dedicado a la situación de Nissan en 2003. En definitiva, nada nuevo bajo el sol. Los que ya tenemos unos años hemos vivido esto en muchas ocasiones. Convendría profundizar en la diferencia entre lo estatal y lo público y, sobre todo, sobre la necesidad de gestionar esto último y bajo que criterios, pero no es sobre lo que quería escribir hoy. De todas formas, para hablar sobre su actitud paternalista, no viene mal hablar un poco sobre el propio Estado.

Según Bakunin: “El Estado ha sido siempre el patrimonio de alguna clase privilegiada: clase sacerdotal, clase nobiliaria, clase burguesa; clase burocrática al fin, cuando agotadas todas las otras clases, el Estado cae y se levanta de nuevo hasta la condición de máquina; pero es absolutamente necesario para la salvación del Estado que haya alguna clase privilegiada que se interese en su existencia. Y es precisamente el interés solidario de dicha clase privilegiada lo que se llama patriotismo.”

Dice Rosa Luxemburgo: “El Estado actual es, ante todo, una herramienta de la clase dominante, y si ejerce diversas funciones de interés general en beneficio del desarrollo social, es únicamente en la medida en que dicho desarrollo coincide, en general, con los intereses de la clase dominante.”

Según esto, tanto desde el prisma anarquista como desde el marxismo más lúcido, el Estado no se identifica necesariamente con lo colectivo, con lo público, con lo general, lo común en una terminología que vuelve a estar de moda, sino con el principal instrumento de la clase dominante para ejercer y mantener su dominio.

En los sistemas regidos por un Estado totalitario o en un grado menor, que podemos llamar autoritario, las cosas suelen estar muy claras. El poder ejecutivo, el Gobierno, controla férreamente al Legislativo, al Judicial y a la opinión pública a través de los medios de comunicación. A su vez, el propio Gobierno, a través de un Partido único o de un sistema que no permite el acceso real a la política profesional más que a aquellos que aceptan las cartas marcadas, es controlado por un entramado de intereses económicos y financieros depositado en muy pocas manos. Las Iglesias tienen un papel muy interesante que jugar en estos casos. El complejo militar-policial suele jugar un rol de soporte del entramado, muy fácil de controlar por su propia organización jerárquica. Hablando en plata, con tener contentos a los del peldaño superior, el resto está perfectamente controlado. ¿Y en los sistemas democráticos, aquellos que se definen por elecciones periódicas y separación de poderes?… Pues lo mismo,  solo que a veces las cosas se complican un poco y el juego de poderes está menos claro o, simplemente, algo más repartido. Pero al final siempre mandan los mismos.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .