DSC_0002Mi padre, a pesar de haber nacido en Barcelona durante una estancia corta de mis abuelos, ya que Europa sufría la Primera Guerra Mundial y la burguesía catalana aprovechaba para desarrollar con rapidez la industria local, con lo que abundaba el trabajo, era más castizo que la Cuesta de la Vega, como él mismo aseguraba. De hecho, cuando estaba alegre y le salía su lado bromista, lo cual no se daba muy a menudo, desde luego, parecía que se había escapado de un sainete madrileño de los que dieron origen a algunas zarzuelas famosas.

No obstante, siempre mantuvo una cierta “fidelidad” hacia su lugar de nacimiento y, con frecuencia, defendía a Barcelona frente a Madrid en las eternas discusiones sobre que ciudad era “mejor”, algo relativamente frecuente cuando yo era niño, aunque nada comparable a la despreciable manipulación que hemos sufrido en los últimos años por parte de ambos nacionalismos, catalán y español.

Yo creo que también influía en él el hecho de su militancia, desde los quince años, en la CNT, el sindicato anarcosindicalista, minoritario en el Madrid de los años treinta frente a la UGT, pero absolutamente mayoritario en Catalunya, como se demostró al estallar la Guerra Civil. Esto aumentaba su identificación con Barcelona y sus ciudadanos, capaces de poner en marcha iniciativas culturales como los Ateneos Libertarios o las Universidades Populares, frente al modelo burgués de la Institución Libre de Enseñanza de la capital española.

Pensé muchas veces en él y en esta cosa curiosa de que a mí, Barcelona, también es una ciudad que me atrae con fuerza, confirmada durante los siete años que he residido allí. A mi hijo le ocurre en parte lo mismo. Y quizás estemos de alguna manera predeterminados por nuestro apellido, porque aunque nuestra familia no tiene nada que ver con Catalunya, hasta donde yo conozco, lo cierto es que el apellido Pastors tiene un claro origen catalán.

En realidad, en nuestro caso, todo parte de uno de mis antepasados, creo que mi tatarabuelo, aunque no lo puedo precisar, que decidió cambiarse el apellido y pasar de un vulgar “Pastor” al actual “de Pastors” pagando sus buenos reales por ello. Supongo que haber llegado a una alta posición militar le animó a tomar esta decisión.

Pero lo más curioso de todo, es que si llevamos ese apellido, es porque el marido de mi bisabuela repudió a mi abuelo, el padre de mi padre, por ser hijo, en realidad, de un tenor italiano, aunque esa es otra historia que contaré en algún momento. Y ¿como nos habríamos llamado si eso no hubiera ocurrido?, pues ni más ni menos que Huguet…,¡¡si es que haberlas haylas…!!

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