22eba4_cbfae779cc4b4c519a8feafa24186766Supongo que aquello de “El sueño de la razón produce monstruos” se puede aplicar también a la falta de sueño y los desvaríos del insomnio. En esas condiciones uno no da más de sí…, pero en fin, ya que está escrito, a lo mejor alguien le encuentra algo de gracia. Aquí va el producto de una noche sin dormir:

Yo también estuve en Francia en aquel sesenta y ocho,
mas no en mayo, ni en París, un mes más tarde, en Burdeos,
y sin la menor idea, como era normal entonces,
de que en el país de al lado, un mes antes de mi viaje,
Dani el Rojo y sus colegas habían puesto a los franceses,
obreros como estudiantes, delante de los errores
de la sociedad burguesa levantada por sus padres.

Solo vi cristales rotos: los restos de la batalla.
La Plaçe de la Comedie, el teatro y la pedrada
bien dirigida a un reloj que desde entonces marcaba
las dos y veinte en su esfera, rodeado de pintadas.
Pintadas que sugerían que al levantar el asfalto
una playa encontraría todo el que consideraba
que pidiendo lo imposible, lo razonable buscaba.

Casi veinte años después, enero y setenta y seis,
Madrid estaba de huelga, una huelga permanente,
sin avisos ni preavisos ni servicios acordados,
firmas ni autorizaciones. Y viajábamos de gratis
en los vagones del metro llevados por militares,
por soldados en la mili, chavales como nosotros
que terminaban su turno y corrían a sumarse.

Pedíamos democracia y nos dieron…ya se sabe.
Como a los chicos franceses, como en Berlín, como en Praga,
como en México o en Berkeley. El poder es el poder
y lo ejerce quien lo tiene. Y busca el modo de hacerlo
el que lo envidia y lo ama. La izquierda quería probar
esos sillones de cuero, tener chófer y pagar
con VISA del Ministerio. Y la izquierda…fué el pesoe.

Nadie lo hubiera pensado: “¿Sabes algo de un Felipe
o Isidoro o algo de eso?” “¿De quien? Nunca lo he oído,
nunca le he visto en las calles”. “Parece que es sevillano”.
“Será por eso, en Madrid solo aparece un tal Pablo,
Castellanos por más señas, abogado, muy despierto,
y aficionado a las faldas”, “Una de ellas es del Banco,
una morena, muy alta, unas piernas kilométricas”.

San Marcelino Camacho, aquél de los cuellos altos
que nos vendió, como Judas, por treinta duros de plata,
o por quince, pues supongo que su colega Redondo
también tendría su ganancia. Hoy están en los altares
de la transición “modélica”, junto a Suárez y Fraga,
el que asesinó en Vitoria a personas indefensas
cuando con tranquilidad desalojaban la iglesia.

El tañido de tristeza de “Campanades a mort”,
aquella canción del Llach que pocos meses más tarde,
(de la cabeza a los pies escalofríos de rabia)
cantábamos en Madrid, puño en alto y entre lágrimas.
Mientras, en el Español, aquél noi de Catalunya
gritaba como un poseso: “¡¡Assassins de raons i de vides!!”
Y nadie necesitaba de traducción simultánea.

Los Pactos de la Moncloa no les bastaban a ellos,
tenían que conseguir doblegar a los obreros,
convertir los Sindicatos en reservas de palmeros
para imponer sus políticas de recortes a degüello.
¿O creéis que han inventado  Manolo, Merkel o Coehlo
alguna cosa distinta de lo que se lleva haciendo
desde tiempo inmemorial por los dueños del dinero?

Un Estatuto crearon (¡cuan gran acontecimiento!)
que “De los Trabajadores” nominaron al momento.
Estatuto que firmaron dándose prisa en hacerlo,
Marcelino y Nicolás juntos e incluso revueltos,
buscando para sus dueños, tanto pecé como psoe,
un acuerdo de partida que les permitiera a ellos
asegurarse poltrona, poder, dinero y acuerdos.

Un sindicatillo negro sin embargo amenazaba
la placidez del momento. Una nueva CNT
renacida desde dentro y empeñada en defender
cosas tan fuera de moda como solidaridad, apoyo,
delegación de los puestos, asambleas, ateneos
y financiación a cargo de los propios “ceneteros”.
Sin aceptar, por principios, dinero del Ministerio.

Ante propuestas tan “raras” los obreros del país
empezaban a pensar que hablando de libertad
¿porqué no la sindical?. Martín Villa, aquella especie
de Pitagorín siniestro que sucedió a Don Manuel
en la de Interior cartera, pensó que por mal que fuera
una campaña de acoso, en forma de acusación
de utilizar la violencia, podría ser de utilidad.

Y sin dudarlo empezó a utilizar infiltrados,
que de forma puntual consiguieran engañar
a algún pobre despistado y venderle que llegar
a hacer la revolución, necesitaba pasar
por un hecho destacado. Así fue como montaron
aquella farsa infantil del atentado al Scala,
una sala en Barcelona que poco les importaba.

La campaña fue tremenda en los medios del Estado,
que para el caso eran todos. Solo hay que redescubrir
las crónicas del País sobre este burdo montaje,
en las que nunca jamás, como dicen en los cuentos,
a nadie se le ocurrió cuestionar el andamiaje
que sustentaba, tan frágil, una versión oficial
que vista como se viera era una barbaridad.

Con esto y un par de casos de supuestos encausados
por tenencia de armamento y algún atraco frustrado,
…aunque nunca se llegó a encontrar a los culpables,
porque después de causado el alboroto y el daño
que de este modo buscaban, la verdad ya no importaba.
Después de esta maniobra, fue el sindicato vencido,
se dividió y desangró y ya nunca ha resurgido.

El miedo a los militares jugó un papel decisivo
en todo lo que ocurrió. Después del 23F
todo el mundo comprendió que ese temor infundado,
en honor a la verdad, tan solo había servido
para así justificar todas aquellas cesiones
que a la derecha se hicieron, en una Constitución
hecha por y a su medida contra el pueblo y los obreros.

Después de una dictadura de cuarenta años cumplidos,
nadie ha pagado jamás por el daño cometido
ni por los asesinatos ni por el hambre y el frío
que durante aquellos años sufrieron en el olvido,
trabajadores, obreros y estudiantes aguerridos,
por parte de aquellos lobos que con disfraz de cordero,
consiguieron implicar a “sociatas” y “peceros”.

Buen trabajo para ellos, hoy sus hijos y sus nietos
nos recortan, nos estrujan, nos insultan y nos roban
con toda la impunidad que el sistema les permite,
un sistema que nos quieren hacer tragar con ricino
y el engaño de una crisis que no es tal, es solo un timo,
un “tocomocho” siniestro contra el que nos rebelamos
pero, de momento al menos, amagamos…y no damos.

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