Bueno, pues aquí estaba, en otro de los puntos fuertes del viaje después de Ushuaia. Puerto Natales es la base más cercana para visitar las Torres, aunque mucha gente va desde El Calafate, sobre todo la que se desplaza directamente desde Buenos Aires, Bariloche o Ushuaia, habitualmente en avión. Es un pueblo de casas modestas, de madera la mayoría de ellas, bien urbanizado y organizado, con su plaza de Armas, su iglesia y decenas de hostales, bastante cutrecillos la mayoría, para atender la demanda impresionante de visitantes del Parque Nacional de las Torres del Paine, mochileros en su gran mayoría, que es como se denomina oficialmente el lugar.

El hotel Cisne de Cuello Negro, cuando veáis las fotos sabréis la razón, está situado fuera del pueblo, a una media hora andando a buen paso y junto al embarcadero desde donde sale la excursión a los glaciares de la que hablaré en otra entrada. Es un sitio muy tranquilo, sin un ruido, y un buen hotel venido un poco a menos, más que nada porque se le notan los años. No obstante la gente es encantadora y te ayudan en todo para que lo tengas fácil. Aunque no oficialmente, la verdad es que las relaciones con los clientes las llevan una pareja de hermanos, chico y chica, que deben pasar muy poco de los veinte años. Con la buena onda típica chilena pero en eficaz, unas joyas vamos.

Y ahora viene el primer error del viaje: no tener bien calculado el tiempo. Por si a alguien se le ocurre pensar en venir alguna vez, en mi opinión es imprescindible alojarse en el Parque. Si tienes dinero, en el hotel de las fotos, una pasada, y si no, en los albergues o en camping. Eso o alquilar un coche, que no es lo mismo pero te permite, al menos, no tener que estar pendiente de los horarios de los colectivos y del control de grupos numerosos en los accesos. Porque si no, corres el riesgo de que te pase lo que a mí, que no puede ni siquiera terminar el recorrido a la base de las Torres, siendo el más corto de los que se hacen habitualmente, aunque también el más duro por los tramos inicial y, sobre todo, final. Pero la verdad es que, a pesar de que calculo que me faltarían poco más de 200 metros para coronar, no me atreví a subir. La razón, aparte del cansancio acumulado de más de cuatro horas con el perfil de camino que podéis ver en una de las fotos, porque eran unos cuarenta minutos de subida, para mí, claro, por rocas sueltas y con mucha inclinación, y veía que si seguía no iba ni a poder comer para intentar llegar a tiempo al bus, que era, además, el último. De hecho, la realidad fue que, comiendo y bebiendo sin pararme apenas a descansar, llegué con poco más de veinte minutos. Todo esto porque no estoy en forma, claro, porque hubo gente que lo hizo entero sin mayores problemas de tiempo. Pero uno es uno y su barriguicircunstancia.

El recorrido habitual del Parque son tres senderos fundamentalmente, el que yo intenté y otros dos más largos pero menos duros, excepto la parte final de uno de ellos que no es estrictamente necesario hacer, porque la vista la tienes casi igual desde un mirador anterior. Lo malo del recorrido a la base de las Torres, como podéis ver en las fotos, es que no ves casi nada salvo que corones hasta donde se inicia la bajada a la laguna, que ya si no quieres no tienes que hacerla, pero por el camino solo tienes vistas muy parciales. Además de los tres recorridos de marcha, luego, si quieres la propina, hay un cuarto día de visita para navegar por un lago hasta la morrena de un glaciar, pero todo el mundo recomienda los glaciares que yo hice por delante de este cuarto trayecto. Visto lo ocurrido y con el cambio de tiempo radical, decidí no intentar los otros trekking más largos.

Pero lo cierto es que la impresión te la llevas, estar delante de ese poderío de la naturaleza, esas rocas verticales, con esa presencia tan espectacular, en un entorno poderoso, con arroyos que se despeñan desde las nieves permanentes, los glaciares colgados, el día espléndido, los lagos de los valles inferiores, las rachas de viento que parece que te van a tirar a poco que te descuides, la humedad de los bosques, en fin, que ni los centenares que van con sus bastones como tú, con la ilusión de llegar, y más o menos la lengua fuera, pueden romper el hechizo del sitio.

Intenté volver en la opción de la tercera edad y churris con tacones, que, aunque no lo creáis, las hay, pero ya no llegué a tiempo, no había plazas. Es una excursión en la que recorres el parque en autobús con alguna parada para justificar que estiras las piernas, pero menos es nada. Lo malo es que el tiempo cambió desde el día de mi visita y la demanda de esta excursión, que llaman Full Day Parque Torres, aumentó mucho y se acabaron las plazas. Pero no se había acabado mi estancia en Puerto Natales, no señor…

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