La excursión la hice porque había leído que era muy interesante, eso desde luego, pero no esperaba que lo fuera tanto. Después de la decisión de no volver a Las Torres, y del cambio de tiempo, era la mejor opción que tenía porque al ser un desplazamiento en barco el clima es menos importante. No obstante tuve un tiempo aceptable para la excursión y con buena visibilidad, de hecho incluso pude ver el macizo del Paine desde la cara sur, aunque está a unos cuantos kilómetros. La excursión en sí consiste en visitar dos glaciares “menores”, Balmaceda y Serrano, distintos pero con una situación espectacular los dos. Además el embarque era al lado del hotel, con lo que no tenía ni que desplazarme.

El recorrido se hace navegando por el canal de Última Esperanza, nombre que rememora no sé que tipo de tragedias o cuasi tragedias ocurridas en estos territorios tan hinóspitos en ocasiones. Entre montañas no muy altas pero muy llamativas, con nieves permanentes, cascadas y bosques cercanos, divisando alguna estancia cuya única comunicación es por mar, se llega al primer glaciar en la visita, el Balmaceda, un glaciar que no llega al mar, aunque se queda cerca, debido al retroceso sufrido en los últimos 15 o 20 años. Desde el barco puedes ver el hielo del glaciar a pocos metros por encima de ti y la cascada por la que ahora descarga en el mar. En el camino, como ya decía, se puede observar el perfil sur del macizo de las Torres del Paine con el resto de montañas que lo forman.

El otro glaciar del recorrido, el Serrano, es más pequeño que los que he visto después pero está en un lugar muy bonito y forma su propia laguna terminal, con los típicos restos de hielo flotando en ella. Parece que esta laguna no existía tampoco hace una veintena de años, o era mucho más pequeña, y también terminaba en el mar. No sé que tendría que decir el primo de Rajoy ante estas evidencias pero la verdad es que es bastante impresionante reflexionar sobre lo que el calentamiento global puede llegar a producir, sobre todo pensando en los inmensos campos de hielo del sur de Chile. No os cuento después de haber visto el Perito Moreno o el Viedma, ante los que este es una miniatura. Al glaciar se llega andando desde un embarcadero situado junto al desagüe de la laguna en un recorrido muy bonito y muy fotogénico.

imageLa visita termina con una comida en una estancia de las que comentaba antes que la única salida es por mar…, o en helicóptero. La base del menú, como no, el cordero estilo patagónico, asado entero, abierto por el centro y sujeto a unos palos cruzados en aspa, como lo hacen en esta zona. No hay que decir que está buenísimo, claro.

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