El título es un poco exagerado, desde luego, no hay para tanto, pero es una forma de expresar la sensación agridulce que he sacado de mi experiencia en El Chaltén. Este sí que es un pueblo nacido y dedicado única y exclusivamente a los visitantes que se acercan para ver la maravilla de los montes Fitz Roy y Cerro Torre y realizar los trekking que permiten acercarse a ellos. Además hay algunas otras cosas que hacer como visitar el glaciar Viedma, el más grande del Cono Sur, para que os hagáis una idea el Perito Moreno tiene aproximadamente 250 km cuadrados y el Viedma pasa de los 900 km cuadrados. También visitar el Lago del Desierto, tristemente famoso por haber protagonizado el último conflicto armado entre Chile y Argentina por cuestión de fronteras no hace tanto tiempo, durante la dictadura militar, con varios muertos por ambos bandos. Allí se puede hacer una caminata corta, poco más de una hora de ida, al glaciar Huemul y su laguna correspondiente. Durante el trayecto, si el tiempo lo permite, se puede ver el Fitz Roy desde el lado norte. Y además de estas dos excursiones que ofrecen algunas variantes en el camino, hay un par de miradores relativamente fáciles, tanto hacia el pueblo y los montes, el
Mirador de los Cóndores, como hacía el otro lado, hacia el glaciar Viedma, el Mirador de las Águilas.

Esto es todo lo que se puede hacer en El Chaltén y la razón por la que bastantes visitantes lo hacen desde El Calafate, donde hay más vida y mejores condiciones, a cambio de un par de horas de bus. Pero mucha gente va hasta allí y se queda unos días por varias razones, la principal, yo creo, es que nadie garantiza cuando se van a poder ver las montañas, que parecen tener un bloque de nubes pegado a ellas permanentemente. Si estás varios días en el pueblo tienes alguna posibilidad más de realizar alguna marcha con garantías de poder ver lo que has venido a buscar. Porque eso sí, no tienes más que levantarte por la mañana y mirar por encima del pueblo. Los dos montes se ven perfectamente y sabes si van a estar disponibles para ti o no. Incluso a lo largo del día pueden cambiar las circunstancias, no es nada extraño con esos vientos y el clima patagónico, y lo que no pudiste hacer por la mañana lo haces por la tarde. No hay que tomar autobuses ni nada extraordinario, los senderos nacen todos en el mismo pueblo.

Mi experiencia en el lugar empezó muy bien y con una sorpresa divertida, en una parada para tomar café poco antes de llegar, en la estancia más antigua de la zona, me enteré por unas fotografías que allí tienen, de que esa había sido una de las zonas de “caza” de los famosos bandidos que inspiraron la historia de Dos Hombres y un Destino, Sundance Kid y Butch Cassidy o Newman y Redford para entendernos. El día estaba espléndido y el recibimiento por parte de los guardas del Parque Nacional, con charla colectiva incluida, muy interesante, la verdad, al menos no se limitaron a lo de no hacer fuego, llevarte tu basura y no alimentar a los animales, lo típico. Además las dos montañas estaban “limpias” y se veían perfectamente, como si estuviéramos debajo de ellas directamente, una pasada. Me impresionó sobre todo el Cerro Torre, con esa aguja vertical de roca y el capuchón lateral de hielo de la cumbre, como la tapa de un Bic, que me recordó una lectura de hace años sobre una famosa ascensión protagonizada por una de las estrellas de la escalada de todos los tiempos, Cesare Maestri. Quizás en ese momento debí haber subido a la laguna del Torre o a las tres lagunas, desde donde se ve el Fitz Roy entero, aprovechando el momento, pero ¡ay!, no soy montañero de verdad y todo lo que sé de montaña es “por proximidad”, así que decidí dedicar ese día a lo más fácil, los miradores, después de instalarme y comprar algo para comer. La verdad es que disfruté como un enano, con perdón, pero perdí la única opción que tuve de haber coronado con éxito, y buenas fotos, alguna caminata de las “importantes”. Además tenía ganas, después de lo de las Torres, pero…

Al día siguiente no hacía mal tiempo, mucho viento eso sí, pero las cumbres estaban tapadas, por lo que decidí una de las alternativas, la Laguna del Desierto y el trekking correspondiente. La verdad es que son unos parajes increíbles, bosques, lagos, glaciares… Incluso la vista del Fitz Roy era mejor desde ese lado, aunque con la cumbre y medio monte tapados por las nubes. El trekking, una subida corta y dura, buena preparación para lo que podía seguir. Pero lo que siguió, desgraciadamente, fue lluvia, vientos fortísimos y malas previsiones para los siguientes días. Incluso intenté subir por la mañana temprano, a pesar del tiempo, pero los guardas se sitúan al inicio de las caminatas y te orientan o incluso directamente te prohíben continuar, si llega el caso. No fue para tanto pero me aconsejaron no seguir ni a medio camino, hasta un mirador intermedio a unas dos horas de marcha, porque no había perspectivas de mejoría y el viento, incluso, podía ponerse peor. Así que volví al hotel y me encontré, supongo que favorecida por el fin de semana, con una desbandada general en vista de la situación. Yo aún tenía reserva para tres días pero decidí buscar una alternativa y la encontré, pero eso será otro capítulo.

Y ahora vuelvo al principio, a la parte menos positiva que no tiene que ver con el clima ni con las alternativas naturales en la montaña, estoy harto de leer sobre intentos de escalada que se frustran a 500 y a 50 metros de una cumbre por un cambio de tiempo, no soy tan “ciudadanita”. En este caso, mi “queja” va más por el tinglado hostelero-bancario montado en este pueblo. No es solo aquí, es bastante generalizado en Argentina, pero aquí llega a unos niveles espectaculares. La cuestión es que no hay forma de utilizar la tarjeta de crédito porque no te la admiten en ningún , fijaros bien, en ningún establecimiento del Chaltén, ni restaurantes, ni hoteles, ni supermercados, tiendas, nada. Si a esto le unes que hay un solo banco, un solo cajero, que se estropea regularmente todos los fines de semana y que las tarjetas emitidas en países extranjeros tienen una limitación de mil pesos por cada extracción, eso sí, te permiten varias seguidas (1000 pesos argentinos son aproximadamente 65€), en un sitio no barato precisamente y, ¡tatachánnn!, te cobran la friolera de 91 pesos por cada 1000 que sacas, o sea, un 9% de comisión…, el panorama está claro, un timo financiero en toda regla, solo a los extranjeros, eso sí, en el que parecen vivir tan a gusto todos los actores del tinglado. ¿Qué queréis? Me parece un tanto decepcionante para las expectativas de viajar a este país y, sobre todo, a este precioso y por tantas causas muy especial lugar del mundo.

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