Buenos Aires tiene otro motivo para sentirse orgullosa, o no, habrá opiniones para todos los gustos: ocupa el primer lugar en el mundo en cantidad de librerías por habitante según parece. Me vais a disculpar que me haya asesorado para escribir esto porque ni las he visitado todas ni he estado en todos los barrios, pero me parece un asunto bastante significativo porque, además, se lee, cosa curiosa. Parece que supera las 450, más o menos, aunque su distribución territorial es muy desigual: en algunos barrios se concentran grandes cantidades, y en otros directamente no hay ninguna. En el ranking internacional, que incluye otras 25 grandes urbes, Buenos Aires figura con 25 librerías cada 100.000 habitantes; la escolta Hong Kong, con 22; Madrid, con 16, y Shanghai, con 15. Los últimos lugares los ocupan Singapur y Estambul, con 3. Cómo veis los madrileños no salimos tan mal, otra cosa es lo que decía antes, que aquí se lee. Las librerías se concentran en el centro, yo he recorrido sobre todo la calle Florida y Corrientes y puedo decir que, en Corrientes, entre librerías, cines y teatros, la verdad es que te entra un cierto complejo de tarugo. Al parecer, además, no sólo lidera el ranking internacional, sino que mantine librerías que son poco menos que hitos mundiales en su sector, como la casi bicentenaria librería Ávila, que aparece en la entrada anterior. Otra de las joyas entre las librerías del mundo es la librería Ateneo Gran Splendid. Construida en 1903 como teatro y utilizada hasta el año 2000 como sala de cine, funciona desde hace quince años como tienda de libros. Es la librería más grande de América del Sur y, según el diario británico The Guardian, la segunda entre las más bellas, detrás de la curiosa Boekhandel Selexyz Dominicanen, en Maastrich (Holanda), que ocupa una antigua iglesia de 800 años. A mí lo que más me gusta es la combinación entre venta de libros, sala de lectura y cafetería/confitería que ofrecen al menos las más grandes. No me extraña haber oído de la propia boca de Galeano que él cruzaba con frecuencia el Río de la Plata desde Montevideo para pasar el día en una de esas grandes librerías leyendo y escribiendo. Aquí va una selección de fotos hechas en algunas de ellas. La verdad es que a poco aficionado que seas a los libros te quedarías a vivir en un sitio de estos. Y eso que los criterios de oferta, al menos desde el punto de vista del marketing, no pueden ser más convencionales. Pero como le decía a Jack Lemon su rendido admirador en “Con faldas y a lo loco”, nadie es perfecto.

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