Hoy he enmarcado sus tres fotografías en aquel tríptico de madera que compré para ellas hace ya no sé exactamente cuanto tiempo…, realmente se hace difícil de creer.

Fue en nuestro primer viaje a Formentera, un atardecer en la terraza del hotel, del que será siempre nuestro hotel aunque, probablemente, yo nunca vuelva, sobre todo porque se ha convertido para mí en algo tan imposible de financiar como el Presupuesto de Educación de Finlandia.

22eba4_049ea9cabdcb4a3b8dc12852b32d7347Ella aparece asomada a la barandilla de obra de la habitación, admirando un atardecer imposible, como los que se ven a diario en la isla. Solo lleva puesta una de mis camisas blancas y la primera foto la sorprende, en la segunda me mira y en la tercera incluso me sonríe. Muestra su típico leve bronceado, que tanto me gustaba y que tanto le costaba conseguir, y que contrastaba siempre con mi oscuridad casi magrebí en cuanto me roza un poco el sol.

Pero no parece exactamente alegre, aunque eran nuestros primeros años de vida juntos, los tiempos de vino y rosas en que eramos capaces de escandalizar a toda una discoteca, por ejemplo, con nuestra…, perdón, con su forma de bailar, que yo solo podía intentar seguir para no perderme nada de su sensualidad a flor de piel, tan natural en ella como su contradictorio y extraño pudor, su obvia necesidad de un padre que perdió muy joven, sus tacos de camionero o su desinterés real por todo lo que la mayoría consideramos trascendente.

Parece adivinar que aquello no puede durar, como no duran las cosas que merecen la pena. Y su mirada, incluso su sonrisa, transmite una cierta nostalgia por lo que pudo ser y no fué…, en un momento en que todo parecía posible, a condición, claro, de no pensar mucho en ello. Porque yo supe enseguida que aquello tenía una fecha de caducidad no muy lejana, de hecho duró más de lo que pensaba, pero eso es otra historia.

Sí, fui yo quien tomó la decisión de acabar con aquella relación, unos años después, porque llegó un momento en que nos estaba haciendo mucho daño a los dos y a otras personas que no tenían la culpa de que no supieramos como superar nuestras contradicciones como pareja. Luego, casi dos años después de la separación, el asunto terminó de una forma muy triste y supuso una gran desilusión para mí…, y supongo que también para ella, sobre todo si sigue pensando lo que decía pensar en aquellos últimos días.

Me ha costado más de diez años, eso seguro, colocar esas fotos en el marco para las que fue comprado en un mercadillo de Girona. Incluso he tenido puestas en él fotos de mis hijos y mis nietos, pero su lugar es otro. Hoy lo he comprendido y he saldado una vieja cuenta conmigo mismo, algo que sabes que tienes que hacer y no haces…, y que necesariamente debes enfrentar. Aunque todo el asunto no deje de ser una nimiedad, lo que te hormiguea por el estómago en un momento u otro hay que enfrentarlo. Es la única forma, creo yo, de superar los fracasos y ahuyentar los fantasmas.

¿Por qué hoy? No lo sé…, o quizás sí, pero eso también es otra historia.

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