22eba4_0e2de056af9e4ffd8134844ca7da26e7Poco antes de la hora fijada, por aquello de no dar la impresión de que llevaba tiempo esperándola, entró en la tienda e inmediatamente volvió a ver su irresistible sonrisa. Por supuesto, él la correspondió a su vez, muy consciente de que era uno de sus puntos fuertes, junto con los ojos, a la hora de causar un impacto favorable en las mujeres. Los dos besos rituales y una recomendación para que la esperara en un bar cercano mientras cerraba la tienda, completaron aquel primer contacto directo entre ellos.

No tardó ni diez minutos en llegar. Sobre el pantalón y el chaleco vaquero que llevaba en la tienda, acompañados de una camisa de rayas azules y blancas de corte masculino, se había puesto un abrigo de piel vuelta, con el borde de pelo, muy setentero. Enseguida se creó un clima de confianza que les animó a entrar en conversación, compartiendo experiencias relacionadas con la web de contactos en la que ambos estaban inscritos, de lo que pasaron a compartir información sobre sus respectivas vidas, incluso detalles bastante personales, y en el que los dos participaban con más entusiasmo del lógico en estas situaciones.

La atracción mutua era indudable y como el dominio del castellano por parte de ella, aunque con un fuerte acento, era realmente sorprendente, pudieron dejarse llevar a una conversación cada vez más fluida y jalonada por las primeras bromas y comentarios irónicos, hasta que el camarero les sacó de su burbuja con la información de que tenían que cerrar.

Aunque su casa estaba cerca, según dijo, a unos diez minutos andando, decidieron ir en el coche de él para que no tuviera que regresar por la calle, ya que el frío empezaba a ser el típico de las noches húmedas de invierno en la costa. Desde el parking no tardaron ni cinco minutos en llegar, a pesar de tener que buscar un paso bajo la vía del tren, más alejado que el puente sobre el que ella iba al trabajo a diario. En esa zona, como en casi toda la costa de Tarragona y Barcelona, el tren circula muy cerca de la playa y supone una barrera natural entre las zonas que se encuentran junto al mar y el resto de la población.

Aparcó frente a la puerta de su casa, un chalet adosado que le pareció del estilo “urbanización playera”, aunque como pronto podría comprobar, era más grande y tenía un jardín más amplio de lo habitual, de hecho habría cabido allí una piscina de buen tamaño.

Delante de la casa, sin salir del coche, concluyeron la conversación quedando en verse al siguiente fin de semana. Decidieron que él llegaría el viernes para recogerla a la hora de la salida de la tienda y que pasaría en su casa el fin de semana. Dado su horario de trabajo, solo podrían verse a las horas de comer y por las noches, así que él se ofreció para cocinar a mediodía.

Al despedirse, contra lo que él esperaba mientras se preparaba para su primer beso real, dada la rápida evolución de la situación, ella se limitó a darle dos besos convencionales en ambas mejillas y salir del coche con la misma decisión con la que había actuado desde que la conocía. Se limitó a girarse y saludarle con la mano, sonriendo, justo antes de entrar en la casa.

Durante el camino de vuelta, una boba sonrisa no desaparecía de su boca. ¡Así que era verdad todo lo que le había contado, sus fotos y todo lo demás! Su encuentro y el comportamiento de ella demostraba, además, que para las mujeres de su generación educadas en el Este de Europa, el sexo no era más que una consecuencia natural de una relación entre adultos. Al menos eso era lo que parecía, visto el acuerdo al que habían llegado de cara al siguiente fin de semana. Nadie había hablado de ello, pero parecía algo totalmente obvio.

Pero lo que más le sorprendía era que, si todo se desarrollaba según lo previsto, su demostración de confianza hacia él, prácticamente un desconocido, era verdaderamente llamativa, puesto que tendría que dejarle solo en la casa la mayor parte del fin de semana. No podía evitar la comparación frente a lo que sucedía habitualmente con las mujeres españolas a las que había conocido en circunstancias similares durante aquel último año. Había estado a punto de sacar humo de su ordenador concertando citas por internet, la mayoría de las cuales ni siquiera le daban su verdadera dirección hasta un tercer, cuarto o quinto encuentro, aunque en honor a la verdad, lo raro había sido pasar de la famosa tercera cita.

Y de hecho, aunque se sobrepasara esa invisible barrera, muy raramente le llevaban a su casa, la mayoría de los encuentros terminaban en casa de él. Solo tres mujeres de todas las que había conocido en aquél tiempo lo habían hecho, y una de ellas no a su residencia habitual sino a una masía que tenía habilitada como casa rural de verano en la zona del Mont Negre, un sitio espectacular, eso sí.

Ni que decir tiene que la semana se le hizo interminable, parecía que no iba a llegar nunca el viernes…, pero al fin llegó. Guardó en su bolsa de viaje algunas cosas, se preparó lo mejor que pudo para causar la mejor segunda impresión posible y se puso en marcha con el tiempo quizás un poco justo, pero no quería pasar mucho tiempo esperando. Ya estaba bastante nervioso. Hacía mucho que no se encontraba ante la perspectiva de acostarse con una mujer tan atractiva. Aunque no se podía quejar demasiado en ese terreno, sobre todo teniendo en cuenta su edad, la verdad es que Irina era casi perfecta desde el punto de vista físico. No la había visto aún desnuda, pero no dudaba de que no iba a ser una desilusión precisamente.

Había que tener en cuenta que para él cada nueva experiencia lo era todo. Nunca había entendido a las personas que comparan constantemente sus relaciones con distintas parejas. Puede que en algún momento fuera inevitable, pero desde luego él nunca hablaba de sus experiencias ni siquiera con sus mejores amigos, excepto en medio de una conversación en que el asunto se tocara de forma general, desde luego sin entrar en detalles ni en nombres. Además siempre buscaba el modo de escabullirse del interés que, eso si era más habitual, las mujeres sentían respecto a sus relaciones con otras mujeres.

Así que, sobre las siete de la tarde, enfiló su coche en dirección a Cambrils.

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