Son tres de esas municipalidades que conforman el contorno de la “gran” Lima y realmente son tres lugares para disfrutar, y estoy seguro que quienes viven ahí lo hacen y mucho. Los dos primeros son similares aunque con un nivel algo superior en Miraflores, sobre todo por la zona del mar, que es bastante espectacular. Pero en ambos se mezclan las casas de lujo con los bloques de nuevas viviendas, los centros comerciales, los parques, las avenidas áḿṕĺíáś´he incluso el ruidosísimo tráfico de Lima parece relajar aquí su aglomeración y su tono acústico. Porque normalmente, en el resto de la ciudad, el ruido de los claxon de los vehículos es permanente y bastante molesto, sobre todo el de los de transporte público, los pequeños minibuses que circulan en permanente źíǵźáǵ´ý´haciendo sonar la bocina. A pesar de todo, he de decir que, para vergüenza nuestra, ni en esas condiciones ni en el resto de países he visto las escandalosas dobles filas tan habituales en nuestras ciudades.

Pero todo eso se acaba cuando se llega a San Isidro y el barullo se convierte en tranquilidad, las calles se ensanchan y aparecen los jardines las plazoletas e incluso alguna que otra concentración de bares y restaurantes de moda.

Siguiendo la líńéá que nos acerca al mar y sin solucióń´de continuidad, de pronto estamos en Miraflores. Que se puede decir de un barrio que tiene una playa extensa, multitud de jardines y un Parque del Amor que representa la escultura de la foto principal. Pues que si lo acompañas de enormes casas de lujo y moderníśíḿóś´áṕáŕtamentos y centros comerciales, te encuentras en la “burbuja” que comenta Wilmer, mi anfitrióń´éń´Ĺíḿá,´que suponen estas zonas frente a la realidad menos glamourosa del paíś´é´íńćĺúśó´de la mayor parte de la ciudad. Pero no le vamos a poner pegas a la belleza y al buen gusto, yo al menos no. Me gustaríá´que estuviera mejor repartida, eso sí, pero pegas ninguna.

… Y Barranco. Barranco es distinto, no es un barrio lujoso, ni glamouroso, ni de anchas avenidas, es mas bien un barrio de lo que podríamos llamar “calidad media” si no fuera porque se ha convertido en el lugar de salida preferido de los limeños y las limeñas. La concentración de bares y restaurantes junto con una fisonomía un tanto especial que se manifiesta sobre todo en la bajada hacia el mar que pasa por delante del iluminado Puente de los Suspiros, le da una personalidad única que atrae y que supone que siempre tenga vida y que sus locales rebosen de personas, buena comida y música hasta altas horas de la noche. Ahí me despedí de mi nuevo amigo Jon, que había vuelto de Ćúźćó´éśé´dia con su guapísima limeña, ya que ellos marchaban al día siguiente a Paracas y yo volaba a Cuzco para cambiar de país y de ambiente ambiente.

Pero como no quiero dejar solo una imagen de lo mejor y lo peor, os voy a dejar aquí´algunas otras imágenes que también son de la ciudad y de sus habitantes y que os servirán para completar el cuadro, dentro de las limitaciones de este blog y de qúien lo escribe, claro.

Ah, y remato con una anécdota que no ḿé´habia pasado nunca, DSC_0346no sé´śí´śéŕá´ćóśtumbre o me vieron cara de pobre, pero estos pijos peruanos que comíáń´ćéŕćá´de mí´éń´úń´burguer muy bueno, por cierto, cuando se marchaban me dejaron amablemente una especie de pestiños pero con queso y jamóń. Me dijeron que si los queríá´”por no botarlos, ya que no se los iban a comer”. Estaban buenos.

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