Lo que menos hubiera pensado cuando empecé este viaje es que terminaría hablando, al referirme a una ciudad como Medellin, de su transporte y en general de sus servicios públicos.

Vamos por partes, la ciudad tiene un centro abigarrado, repleto de comercios al aire libre, centros comerciales, alguno de ellos con poco que envidiar a los mas modernos y mejor instalados de Europa, los consabidos puestos de fritangas, millones de puestos de frutas, enteras o en forma de jugos, restaurantes, iglesias, museos y, una zona peatonal-comercial enorme. Además de varios parques y algunas estatuas de Botero en una plaza que yo creo que no podían haber elegido mejor para instalar esas esculturas. Es un enorme conglomerado, como es la ciudad, y una mezcla absoluta de personas, olores, sabores y todo tipo de servicios, incluyendo la prostitución, por cierto, primera vez que la veo…, o que me entero, porque yo soy muy despistado para esas cosas.

Después de recorrer el centro, la parte mas antigua de la ciudad que, dicho sea de paso, tiene muchas cosas interesantes pero una mínima muestra de arquitectura colonial, apenas alguna iglesia, tocaba conocer el orgullo de la ciudad, su Metro. Y aqui es donde tengo que empezar a hablar de los servicios de Medellin. El Metro no solo es moderno, con vagones amplios, rápido y bien diseñado en cuanto a recorrido, además comunica directamente con un servicio de telecabinas que permiten acceder a algunas de las zonas mas deprimidas de la ciudad, esa que se extiende por los cerros de alrededor del valle en el que se asienta. No hay para subir a todos pero si a alguno de ellos. Y otra sorpresa, el del Salvador, el que tome el primer día, conecta con otro telecabina que en diez minutos te lleva fuera de la ciudad, a un parque muy interesante y del que no pude disfrutar del todo por culpa de la lluvia, el Parque Arvi, prácticamente como pasar en un vuelo rápido de la ciudad, a veces muy contaminada, a estar en plena naturaleza mientras sobrevuelas, nunca mejor dicho, muchas de las chabolas que la avalancha del campo a la ciudad ha convertido esta en un conglomerado con mas habitantes que Madrid. Además, en cada estación de Metro, a la salida, una red de pequeños autobuses te comunica con las zonas mas alejadas de los barrios próximos por una cantidad prácticamente simbólica.

Yo como mientras bajaba, despues de que me cayera una buena, escampó, decidí terminar el día con una visita al Pueblito Paisa, una auténtica miniatura que se supone que reproduce lo que eran las casas antiguamente en la zona de Antioquia y que sirve mas bien como reclamo turístico y venta de helados y souvenires, además de ofrecer unas espléndidas y diferentes vistas de la ciudad. En cualquier caso fue una buena caminata, porque el pueblo esta en alto y yo me he empeñado en caminar todo lo que puedo, y, además, a la vuelta regrese andando también hasta la casa, otra horita y media de camino.

 

 

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