Que me lo ha contao un poeta
me lo ha contaíto un poeta:
libertad rima con alas,
la leche con la canela,
el tacón con el zapato
y mayo con la primavera,
y me pregunto, ¿por qué
ella no rima conmigo
y yo no arrimo con ella?

Bulerías Plaza Real (Duquende)

Lo primero que eliminó, en bloque, fue su perfil en la red profesional, aunque antes envió un mensaje a las pocas personas que realmente le interesaban y que solo tenía localizadas allí, con su dirección de email y su página de Facebook por si querían mantenerse en contacto. Una vez jubilado, la mayoría de ellos no tenían ningún sentido. Después comenzó a revisar y anular a algunos de sus amigos en la referida página. 

Pero cuando estaba de lleno en la labor de selección, como tantas otras veces, recordó la ausencia, la ausencia entre aquellos perfiles, fotos y biografías de uno en concreto, el de aquella mujer que, quizás, nunca sabría lo que había significado para él durante toda su vida desde que la conoció con poco más de treinta años. Aquella especie de amor platónico que se había mantenido presente en su vida a pesar de todo y que, desde luego ya más como un recuerdo que como algo con alguna posibilidad de contenido real, no acababa nunca de entrar en ese limbo mental del olvido. 

La primera impresión no había sido del todo favorable. Desde luego era guapa, con aquellos ojos azules que parecían dos gotas de su Mediterráneo natal, su pelo rubio natural, el tono de piel de quien recibe durante casi todo el año la caricia del sol, sus pocas pero divertidas pecas y una naricilla algo respingona que dotaba de mayor simpatía a un rostro modelado alrededor de una sonrisa perfecta. “La típica pija catalana”, pensó al verla. Y quizás lo fuera, de alguna manera, aunque no había nacido en Sant Gervasi o Pedralbes, pero sin duda su formación y educación eran más de la Zona Alta que del Norte de la ciudad. 

Después de aquello no llegaron a media docena las veces que se habían visto, pero con pocas personas había sentido el nivel de complicidad que sentía con ella cada vez que se encontraban, siempre por razones profesionales. Él estaba convencido, entonces, de que era mutuo, pero ahora no tenía más remedio que cuestionárselo. Después de dejar aquella empresa perdió cualquier posibilidad de contacto con ella durante muchos años hasta que, más o menos coincidiendo con su traslado a vivir a Barcelona, empezó a utilizar las redes sociales y, como pensaba, allí la encontró. Le pidió amistad y ella le aceptó rápidamente. 

Sin embargo, nunca respondió a los mensajes directos que le envió con diferentes invitaciones para quedar en algún momento y volver a verse en persona. Ni una palabra. Así que, cuando al cabo de los años, ya de vuelta en Madrid, decidió cambiar su página en Facebook, no volvió a solicitar su amistad, ¿para qué? Lo que no podía evitar era recordarla y recordar aquellos momentos compartidos en los que tantas veces pensó dar un paso adelante que nunca dió. Quizás ese había sido el problema, pero seguramente nunca lo sabría.

 

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