Mi anfitrión en Coyhaique se llama Farid, es profesor de inglés, tiene poco más de treinta años y un grupo de amigos que te aceptan sin mover una pestaña, solo porque él te presenta y dice que eres un cliente de su “hostal” mientras se parte de risa. Cuando te vas de su casa y te llevas la llave en un despiste, te manda un correo para preguntar y luego te dice que te la quedes como souvenir, que él ya ha hecho una copia. O sea, un tipo tranquilo, al que le gustan la cerveza y la maría y siempre está sonriendo y haciendo bromas excepto cuando juega con la consola, que debe ser casi lo único que se toma más seriamente. Cuando me marché empezaba un nuevo año de trabajo con buen ánimo pero pocas ganas. Un personaje.

imageCoyhaique es una ciudad grande y bastante destartalada, aunque parece un sitio agradable. Está rodeada de montañas y a tiro de piedra de ríos salmoneros, lagos preciosos y bosques tupidos. En la foto podéis ver la ciudad con una nube encima que parece polución, no sé si se considera tal, es humo de estufas de leña.

Llegué a medio día después de cruzar el lago en la barcaza y un corto trayecto en autobús, pero entre unas cosas y otras eran casi las tres de la tarde y “hacía” hambre. Así que Farid me acercó al pueblo, me indicó un lugar para comer, no me dejó llave y me dijo que volviera en taxi que son muy baratos, sobre todo los “colectivos”, que te llevan por 500 pesos, menos de un euro. Habría que añadir que es eso o andar, porque no hay otro medio de transporte. Comí muy bien, un risotto de camarones, casi langostinos, muy bueno, lo mejorcito que he comido aparte de la carne y el pescado.

Estuve luego paseando un rato y viendo las opciones de excursiones que ofrecían las agencias y cuando iba a subir (literalmente, está en un alto) a la casa, veo un cartel que anuncia la actuación a las ocho y media de la tarde de Inti-Illimani y otro grupo de esa onda, Illapu. Como he dicho no tenía llave y no me parecía oportuno aparecer a las doce de la noche, o a la hora que terminara el concierto, sin llave y con el agravante de que, al ser sábado, el dueño podía estar en cualquier sitio menos en su casa, solo le había visto un rato pero me parecía bastante obvio. Así que, maldiciendo a Farid por su despiste y el mío, todo sea dicho, volví a la casa cerca de las ocho. Por supuesto se estaba preparando para salir, pero para mi sorpresa, porque no me pegaba nada, era para ir al concierto, al que de paso me ofreció acompañarle con su grupo de amigos si me gustaba ese tipo de música. Naturalmente le dije que sí, llamó a un colega para que me consiguiera una entrada, porque aunque el concierto era gratis la pedían en la puerta, y en cuanto se duchó y vistió nos pusimos en marcha. El concierto fue una gozada, una especie de vuelta a los años setenta y a la canción política, sobre todo por el otro grupo Illapu, con unos niños mapuches en el escenario llevando pancartas reivindicativas y todo. Ya sé que puede sonar totalmente viejuno, pero os aseguro que no era así, porque lo más sorprendente es que aquello estaba lleno de gente joven totalmente entusiasmada. Me llamo la atención que acompañando a los grupos había una orquesta de chavales muy jóvenes, en su mayoría, y los aplausos que recibieron al terminar.

image

Al día siguiente, cuando me levanté vi que Farid no había dormido en casa, por lo que supuse que lo que habíamos hablado, entre col y col, sobre pesca, se le habría olvidado. Así que me lo tomé con calma, fui al centro, más bien tarde, y me busqué una excursión para el día siguiente entre las opciones que ofrecían. Cuando estaba comiendo, me entró un mensaje que me había enviado un par de horas antes diciéndome que quedábamos a las cinco para ir a pescar. Volví a la casa y efectivamente, a las cinco apareció con puntualidad británica y dijo que nos íbamos con unos amigos a un río cercano, el Simpson, tenía que ser ese nombre interaccionando con esta peña. Así que preparó dos cañas y su caja de herramientas y allá nos fuimos. Mientras algunos pescaban y otros lo intentábamos, el espectáculo eran los saltos de los salmones, según ellos, aunque yo creo que eran truchas, o al menos lo que pescaron eran truchas, eso seguro. El “mío” como os imaginaréis no lo pesqué yo, pero con las risas quisieron que me hiciera una foto con él/ella, así que aquí está. Rematamos con una de longanizas a la brasa y cervecita, así que, ¿qué más se puede pedir con una gente que no te conoce de nada?

La excursión del lunes fue el remate. ¿Os podéis creer que a pesar de que el único cliente era yo la agencia mantuvo la excursión tal cual? Pues sí, lo hizo, Pero ahora viene lo bueno, en la excursión iba incluido el desayuno, salíamos temprano, y la comida. El desayuno, muy bueno, venía preparado, pero la comida la preparó el chaval que hizo de chofer que, al parecer, además es chef y está colaborando con la agencia en potenciar la cocina de la zona. O sea, que ni la Preisler: guía y cocinero en una excursión muy bonita, pero que pasó a ser casi lo de menos, y para mí solo. ¡No me digáis que mi estancia en Coyhaique no ha sido surrealista!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.