No sé si se escribe así pero me da lo mismo, la cosa es que esta última entrada desde Puerto Montt, va sobre la herencia alemana en una importante zona del sur de Chile, y no sólo de Chile, también de Argentina, ya que San Carlos de Bariloche fué fundada por colonos alemanes establecidos en Chile que cruzaron la frontera buscando nuevos territorios. Pero quizás aquí es más acusada. De todas formas, como esto no es un ensayo histórico, la cosa va de lo que se puede ver, aunque tardaréis un tiempo en verlo si no arreglo lo de las imágenes del IPad. En fin, a la cuestión. Al norte de Puerto Montt, muy cerca, a menos de cincuenta kilómetros, está el lago Llanquihué, un señor lago situado a los pies de varios volcanes, el Osorno el más espectacular, pero también algún otro como el Calbuco, que entró en erupción el año pasado y cubrió de cenizas Villa La Angostura, Bariloche y varios pueblos al otro lado de la frontera. En Chile apenas afectó porque el viento se mantuvo del Este todo el tiempo, pero he visto un par de vídeos que grabó mi casero, Alfredo, con su móvil desde la puerta de su casa en Puerto Montt y la verdad es que si hubiera sido él, algo acongojado sí que habría estado. Zelandia me contaba que ella empaquetó y lo tuvo todo preparado por si tenían que evacuar a toda prisa. Parece ser que las cenizas llegaron a Brasil, alucinante.

Junto al lago, el primer pueblo que se encuentra es Puerto Varas, un pueblo muy bonito y bastante turístico ya, sobre todo para chilenos de las ciudades más cercanas de Osorno y Valdivia, pero también de Santiago y otros lugares. Va creciendo a buen ritmo y parece ya se ha convertido en el principal foco de visitantes de la zona. Rodeando el lago en dirección Norte, están Llanquihué, Frutillar, Puerto Octay, Puerto Cloker y, ya de regreso y al pié del Osorno, Las Cascadas y Ensenada. En todos ellos se nota la influencia que comentaba al principio y no sólo en las casas, sobre todo en las más grandes y bonitas, muchas de ellas convertidas en hoteles preciosos y cuidadísimos, sino en los anuncios de los restaurantes, de los bares y de las especialidades culinarias, sobre todo de los postres. Todo el lago es un sitio más que agradable, diferente a lo que se puede ver alrededor, además, era domingo y hacía un día espléndido, por lo que muchas familias y grupos de jóvenes estaban pasando el día en las playas que salpican sus orillas.

Hago mención aparte para destacar el Teatro del Lago, en Frutillar, sin duda el pueblo más atractivo y con más nivel, ya sabéis que como buen anarco-pijo me gustan estas cosas. Es una construcción toda en madera, grande, muy bonita, combinando diferentes colores y, supongo, tipos de maderas, y con un programa de actividades fabuloso, impensable en un sitio tan pequeño y apartado, según mi modesto entender. Desde luego, está claro que a los dichosos habitantes de semejante paraíso les gusta la música clásica, no sé si también por herencia, pero parece que no sólo ese tipo de música, puesto que estaba anunciada la exhibición del documental Flamenco, de Carlos Saura. Ozú.

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